Cuarenta y ocho prácticas guiadas paso a paso, repartidas en ocho bloques. Elige una y síguela con curiosidad; no hace falta forzar la calma.
Lo que hay dentro
Respiración6 prácticas
El cuerpo6 prácticas
Los sentidos6 prácticas
Pensamientos y emociones7 prácticas
En movimiento5 prácticas
La vida de todos los días8 prácticas
Con otras personas5 prácticas
Cuando cuesta5 prácticas
Antes de empezar
Un minuto cuenta. Repetir poco vale más que un día largo.
Distraerse forma parte. El ejercicio es volver.
Ni hay que hacerlos todos ni hay que seguir el orden.
Si una práctica remueve demasiado, para y busca apoyo.
Katsushika Hokusai, "Viento del sur, cielo despejado" (h. 1831). Dominio público. Tratada a cuatro colores planos.
Respiración
La respiración sirve de ancla porque siempre está ahí. Aquí no hay una forma correcta de respirar; basta con notar cómo lo haces.
Respiración consciente
Usar la respiración como ancla, que es lo que siempre está disponible.
Siéntate cómodo y lleva la atención a la respiración, sin cambiarla.
Nota dónde la sientes más: la nariz, el pecho o el abdomen.
Cuando la mente se distraiga (lo hará), nota a dónde fue y vuelve al aire, sin reprocharte.
Sigue uno o dos minutos. La práctica consiste en volver, no en quedarte concentrado.
Contar la salida
Darle a la mente una tarea sencilla para que le cueste más irse.
Respira como respires normalmente, sin forzar nada.
Cuenta por dentro cada vez que termines de soltar el aire: uno, dos, tres.
Al llegar a diez, vuelve a empezar por uno.
Si pierdes la cuenta, empieza otra vez desde uno. Perderla forma parte.
Alargar la salida
Soltar el aire más despacio de lo que entra y notar qué cambia en el cuerpo.
Toma aire por la nariz contando hasta cuatro, sin llenarte del todo.
Suéltalo despacio contando hasta seis, como si empañaras un cristal.
Si seis te agobia, baja a cinco. Ajusta la cuenta a lo que te resulte cómodo.
Haz seis o siete rondas y luego deja que la respiración vuelva a su ritmo.
Una mano en el pecho, otra en la barriga
Sentir la respiración con el tacto cuando seguirla solo con la cabeza cuesta.
Túmbate o siéntate y coloca las manos donde dice el título.
Nota cuál de las dos se mueve más y no cambies nada todavía.
Deja que el aire llegue un poco más abajo, hacia la mano de la barriga.
Quédate con la sensación de las manos subiendo y bajando.
Respirar en cuadrado
Dar una forma clara a la respiración cuando la cabeza va muy rápido.
Inspira mientras cuentas cuatro tiempos.
Aguanta cuatro, sin apretar la garganta ni los hombros.
Suelta contando cuatro y espera otros cuatro antes de volver a tomar aire.
Si aguantar te incomoda, quita las pausas y quédate solo con entrar y salir.
Respirar antes de contestar
Meter una respiración entera entre lo que pasa y lo que haces.
Cuando algo te tense (un mensaje, un comentario), no respondas todavía.
Toma aire una vez, entero, y suéltalo entero.
Comprueba si el impulso de contestar sigue igual de fuerte o ha bajado.
Decide entonces qué quieres hacer. A veces será lo mismo, y está bien.
Qué noté en este bloque
El cuerpo
Recorrer el cuerpo con atención amable. Relajarse no es el objetivo; basta con notar lo que hay, incluso cuando no hay nada. Si recorrer el cuerpo remueve más de la cuenta, el último bloque explica cómo ajustar la práctica.
Escaneo corporal breve
Recorrer el cuerpo con atención amable y notar sensaciones sin tener que cambiarlas.
Lleva la atención a los pies y nota lo que haya: peso, temperatura, hormigueo o nada.
Sube despacio: piernas, abdomen, espalda, manos, hombros y cara.
Si encuentras tensión, respira a su alrededor sin obligarte a relajarla.
Termina notando el cuerpo entero apoyado y unas respiraciones lentas.
Los pies en el suelo
Volver al cuerpo en un minuto, en cualquier sitio y sin que se note.
Apoya bien los dos pies en el suelo, sentado o de pie.
Reparte el peso entre talones, planta y dedos.
Empuja un poco contra el suelo y suelta, dos o tres veces.
Quédate diez segundos notando el apoyo antes de seguir con lo tuyo.
Soltar la mandíbula
Encontrar una tensión que suele pasar desapercibida.
Comprueba si los dientes de arriba y los de abajo se están tocando.
Separa un poco las muelas y deja la lengua suelta, sin apretarla contra el paladar.
Nota si la cara cambia de alguna manera al soltar.
Vuelve a mirar la mandíbula un par de veces más a lo largo del día.
Los hombros
Notar cuánto se sube el cuerpo sin que se lo pidan.
Sin moverte, fíjate en dónde están tus hombros ahora mismo.
Súbelos hasta las orejas, aprieta tres segundos y suéltalos de golpe.
Nota la diferencia entre antes y después, sin decidir si está bien o mal.
Repítelo dos veces y déjalos donde caigan.
Estirarse despacio
Moverse a una velocidad a la que se pueda notar el movimiento.
Elige un estiramiento fácil: los brazos hacia arriba, el cuello a un lado.
Hazlo a la mitad de la velocidad de siempre.
Busca el punto donde empieza a tirar y quédate justo antes, respirando.
Deshaz el movimiento igual de despacio.
Dónde vive la tensión hoy
Localizar dónde se está acumulando el día.
Cierra los ojos si estás cómodo y recorre el cuerpo de arriba abajo.
Busca el sitio que hoy pide más atención: cuello, estómago, espalda, mandíbula.
Quédate ahí un minuto sin intentar arreglarlo.
Ponle una palabra a lo que notas antes de abrir los ojos.
Dónde lo noté hoy
Los sentidos
Prácticas de la tradición de atención plena que usan lo que ves, oyes y tocas como punto de apoyo. Son formas de dirigir la atención, no un remedio por sí solas.
Atención a los sentidos
Anclar la mente en el presente a través de lo que perciben los sentidos.
Mira a tu alrededor y nombra en silencio lo que ves, con detalle.
Escucha los sonidos cercanos y lejanos, sin etiquetarlos como buenos o malos.
Nota lo que tocas: la ropa, la silla, tus pies en el suelo.
Si puedes, añade un olor o un sabor y observa cómo cambia tu atención.
Sonidos cercanos y lejanos
Usar el oído, que no se puede cerrar, como ancla.
Quédate quieto y escucha el sonido más lejano que alcances.
Ve acercándote: la calle, la habitación de al lado, esta habitación.
Termina en el sonido más cercano, que puede ser tu propia respiración.
Si te cuesta, cuenta cuántos sonidos distintos oyes y para ahí.
Mirar un objeto un minuto
Ver algo conocido como si no lo hubieras visto nunca.
Coge algo que tengas cerca: una llave, una taza, un bolígrafo.
Míralo un minuto entero como si tuvieras que describirlo a alguien.
Busca tres cosas que nunca habías notado: una marca, un brillo, un desgaste.
Déjalo donde estaba.
Lo que tocan las manos
Volver al presente por el tacto, que casi nunca miramos.
Pasa los dedos por tres superficies distintas que tengas al alcance.
Nota temperatura, textura y si es dura o cede.
Quédate más tiempo en la que te resulte más agradable.
Cierra las manos y ábrelas despacio, notando el movimiento.
Un olor cualquiera
Usar un olor concreto como punto de apoyo.
Busca algo con olor: café, jabón, una fruta, la ropa limpia.
Acércalo y huele una vez, sin prisa.
Espera unos segundos y vuelve a oler: casi nunca huele igual la segunda vez.
Si te ha venido algún recuerdo, déjalo pasar.
La ducha
Convertir cinco minutos que ya haces en práctica de los sentidos.
Siente el agua en cuanto te toca, antes de acostumbrarte.
Sigue por dónde cae y por dónde resbala.
Escucha el sonido del agua contra el suelo y contra tu cuerpo.
En cuanto la cabeza se vaya al día que te espera, vuelve al agua.
Qué sentido me ancla mejor
Pensamientos y emociones
Tomar distancia de lo que pasa por la cabeza, en vez de discutir con ello. A esa distancia se la llama descentramiento.
Observar los pensamientos
Ver los pensamientos como eventos mentales que pasan, en vez de quedar enganchado en ellos.
Imagina que tus pensamientos pasan como nubes o como hojas que lleva un río.
Cuando aparezca uno, nómbralo por dentro: "planificar", "recordar", "preocuparme".
Déjalo seguir sin discutir con él ni desarrollarlo.
Vuelve a la respiración o a los sonidos como punto de apoyo.
Ponerle nombre a lo que sientes
Pasar de un malestar difuso a una palabra concreta.
Para y pregúntate qué estás sintiendo ahora mismo.
Busca una palabra: rabia, susto, vergüenza, pena, alivio, cansancio.
Di por dentro "esto es rabia" en vez de "estoy furioso".
Si no encuentras la palabra exacta, quédate con la que más se acerque.
Hojas en el río
Practicar dejar pasar los pensamientos sin subirte a ellos.
Imagina un río con hojas que bajan por la corriente.
Cada vez que aparezca un pensamiento, ponlo en una hoja y déjala ir.
Cuando te des cuenta de que has dejado de mirar el río, es que te subiste a una hoja.
Vuelve a la orilla, sin regañarte, y sigue.
El pensamiento no es el hecho
Separar lo que pasó de lo que te estás contando sobre lo que pasó.
Escribe o piensa una frase que te ronde: "lo hice fatal".
Al lado, di solo lo que pasó, sin adjetivos: "hablé cuatro minutos en la reunión".
Compara las dos frases.
No tienes que decidir cuál es verdad. Basta con ver que no son lo mismo.
Dónde se nota la emoción
Buscar en el cuerpo lo que la cabeza no termina de explicar.
Piensa en algo que te haya movido hoy, sin darle vueltas al relato.
Recorre el cuerpo y busca dónde se nota: garganta, pecho, estómago, manos.
Describe la sensación por dentro: aprieta, pesa, quema, vibra.
Respira ahí un minuto y luego suelta el tema.
Dejar la frase a medias
Cortar una rumiación en marcha sin pelearse con ella.
Cuando notes que llevas rato dándole vueltas a lo mismo, para en mitad de la frase.
Di por dentro: "esto ya lo he pensado".
Lleva la atención a algo físico: los pies, el aire, un sonido.
Si el pensamiento vuelve, repite lo mismo. Puede hacer falta varias veces.
Qué le diría a alguien que quiero
Cambiar el tono con el que te hablas cuando algo sale mal.
Piensa en algo que te estés reprochando.
Imagina que se lo cuenta alguien a quien quieres, con las mismas palabras.
Escribe o di lo que le contestarías a esa persona.
Léelo otra vez, ahora dirigido a ti.
Lo que me diría a mí
En movimiento
Caminar despacio y con atención es una de las prácticas clásicas de los programas de atención plena, y se ha ensayado también como intervención por sí sola.
Caminar consciente
Practicar la atención plena en movimiento, usando los pasos como ancla.
Camina un poco más lento de lo habitual, en casa o al aire libre.
Nota el apoyo de cada pie: el talón, la planta, los dedos.
Cuando la mente se vaya, vuelve a la sensación de los pasos.
Si te ayuda, cuenta los pasos del uno al diez y vuelve a empezar.
Subir escaleras
Usar un esfuerzo corto que ya haces varias veces al día.
Sube un tramo entero sin mirar el móvil.
Siente el trabajo de los muslos y cómo cambia la respiración.
Cuenta los escalones de un tramo, solo por saberlos.
Arriba, quédate dos respiraciones antes de seguir.
Esperar de pie
Convertir una cola o una espera en algo que no sea impaciencia.
En una cola o una sala de espera, no saques el móvil.
Reparte el peso entre los dos pies y suelta las rodillas.
Mira tres cosas del sitio donde estás que no habías mirado.
Deja pasar el impulso de sacar el móvil sin obedecerlo, y sin reñirte si lo obedeces.
Moverse por casa despacio
Bajar la velocidad en el sitio donde se va siempre en automático.
Elige un trayecto corto de casa: de la cama a la cocina.
Hazlo a la mitad de velocidad, sin hacer nada más a la vez.
Nota los cambios de suelo, de luz y de temperatura.
Al llegar, para un momento antes de empezar lo siguiente.
Caminar sin destino
Andar sin tener que llegar a ningún sitio.
Sal a andar sin decidir a dónde vas ni cuánto tardas.
Deja el móvil guardado y sin auriculares.
Cuando llegues a una esquina, elige por dónde seguir sin pensarlo mucho.
Vuelve cuando te apetezca, sin ponerle hora.
Cómo volví
La vida de todos los días
Práctica informal. No pide un rato aparte del día; cambia cómo haces algo que ya ibas a hacer.
Comer con atención plena
Probar un alimento como si fuera la primera vez, usando los cinco sentidos.
Elige algo pequeño: una pasa, un gajo de fruta, un trozo de pan.
Míralo y huélelo antes de llevarlo a la boca, sin prisa.
Mastica despacio y nota la textura, el sabor y cómo va cambiando.
Observa el impulso de tragar rápido y decide tú cuándo hacerlo.
Atención plena en una tarea cotidiana
Convertir una actividad diaria en práctica informal de atención plena.
Escoge una tarea corta: lavar los platos, ducharte, preparar café.
Hazla un poco más despacio y nota gestos, sonidos, olores y temperatura.
Cada vez que la mente se adelante a lo siguiente, vuelve a la tarea.
Al terminar, nota en qué estado quedó tu atención.
Fregar los platos
Quedarte en una tarea que casi siempre se hace pensando en otra cosa.
Nota la temperatura del agua antes de empezar.
Sigue el peso de cada pieza al cogerla y al dejarla.
Escucha el sonido del agua y de la loza.
Si te descubres planificando, vuelve a las manos.
El primer café
Dedicar atención entera a los primeros sorbos del día.
No hagas nada más mientras te tomas los tres primeros sorbos.
Nota el calor de la taza en las manos antes de beber.
Huele antes de cada sorbo.
Después ya puedes seguir con el móvil o con lo que sea.
El trayecto de siempre
Volver a ver un camino que dejaste de mirar hace tiempo.
En el camino al trabajo o a casa, busca cinco cosas que nunca habías visto.
Fíjate en lo alto: balcones, cornisas, árboles, cielo.
Nota en qué tramo se te va la cabeza siempre al mismo sitio.
Al darte cuenta, vuelve a mirar fuera.
Antes de desbloquear el móvil
Meter un segundo de atención en un gesto que se repite decenas de veces.
Cuando cojas el móvil, para antes de desbloquearlo.
Pregúntate para qué lo has cogido.
Toma una respiración entera.
Desbloquéalo y haz eso, o déjalo si resulta que no era nada.
Abrir una puerta
Usar un gesto repetido como recordatorio de volver.
Elige una puerta que cruces varias veces al día.
Al abrirla, nota el pomo en la mano.
Toma una respiración entera antes de pasar.
Cruza sabiendo a qué habitación entras.
Guardar la compra
Terminar una tarea sin ir por delante de ella.
Saca las cosas de una en una, sin agrupar por eficiencia.
Compara el peso, el frío y la forma de cada una.
Deja cada cosa en su sitio antes de coger la siguiente.
Al acabar, mira un momento lo que has ordenado.
Qué tarea repetiría
Con otras personas
Llevar la atención plena a las conversaciones. Aquí el ancla deja de ser tu respiración y pasa a ser la persona que tienes delante.
Escuchar sin preparar la respuesta
Oír lo que dicen en vez de estar montando lo que vas a decir.
En una conversación, propónte no preparar nada mientras el otro habla.
Cuando notes que ya tienes la respuesta lista, suéltala y vuelve a escuchar.
Espera a que termine del todo antes de empezar.
Si se te ha ido tu respuesta, no pasa nada: pregunta.
Notar el impulso de interrumpir
Ver el impulso antes de que se convierta en una interrupción.
Fíjate en qué parte del cuerpo avisa de que vas a interrumpir.
Cuando lo notes, respira una vez sin hablar.
Comprueba si lo que ibas a decir sigue haciendo falta.
A veces sí. Dilo entonces, pero elegido, no disparado.
Una pausa antes de contestar
Dejar un hueco entre lo que te dicen y lo que respondes.
Cuenta hasta dos por dentro antes de responder a una pregunta.
Usa ese hueco para notar cómo te ha llegado la pregunta.
Responde desde ahí.
Mira si la conversación va a otro ritmo.
Mirar a quien te habla
Poner el cuerpo en la conversación, no solo el oído.
Gira el cuerpo hacia la persona, no solo la cabeza.
Deja el móvil boca abajo o fuera de la mesa.
Mira a la cara sin clavar la mirada: los ojos van y vienen.
Nota si eso cambia lo que te cuenta.
Cómo llego a esta conversación
Saber con qué llegas antes de empezar a hablar.
Antes de una conversación que te importe, para diez segundos.
Pregúntate si vienes con prisa, con enfado, con miedo o con ganas.
No intentes cambiarlo, solo saberlo.
Entra sabiendo desde dónde entras.
Qué cambió al escuchar así
Cuando cuesta
Practicar no siempre sienta bien, y eso está documentado. Este bloque es para los días en los que la práctica se atasca o remueve.
Un ancla corta cuando hay agitación
Tener algo muy breve para los momentos en los que sentarse a meditar no es posible.
Abre los ojos y mira algo concreto que tengas delante.
Nombra en voz baja tres cosas que veas.
Nota los pies contra el suelo y empuja un poco.
Una respiración larga y sigue con el día. No hace falta más.
Si la práctica remueve
Saber qué hacer si al cerrar los ojos aparece algo difícil.
Abre los ojos: no hace falta practicar con los ojos cerrados.
Cambia el ancla a algo de fuera, como los sonidos o la vista.
Acorta la práctica a un minuto o déjala por hoy.
Si se repite o el malestar es intenso, para y coméntalo con un profesional.
Cuando no hay tiempo
Quitar la excusa más común sin fingir que el día da más de sí.
Con una sola respiración es suficiente, sin montar una sesión.
Hazla entera: entra y sale, con atención.
Cuenta eso como práctica del día, porque lo es.
Si mañana salen dos, bien; si no, también.
Cuando te aburres
Tratar el aburrimiento como parte de la práctica y no como señal de que va mal.
Cuando aparezca el aburrimiento, míralo como mirarías cualquier otra cosa.
Busca dónde se nota: inquietud en las piernas, ganas de levantarte.
Quédate treinta segundos más de los que querías.
Que el final lo decidas tú y no el impulso de levantarte.
Cuándo parar y pedir ayuda
Reconocer el punto en el que esto deja de ser suficiente.
Si aparecen recuerdos difíciles que no se van, esto no es la herramienta.
Si llevas semanas sin dormir, sin comer o sin poder con el día, tampoco.
Si has pensado en hacerte daño, busca ayuda hoy, no cuando termines el cuaderno: acude a urgencias o llama al número de emergencias de tu país.
Pedir ayuda no cancela la práctica; puedes seguir con ella mientras tanto.
Qué necesito ahora
Registro de práctica
Anota qué practicaste y por cuánto tiempo. Ayuda más repetir poco que hacer mucho un solo día.
Fecha
Práctica
Minutos
Cómo fue
Hoja 1 de 10 · Cuaderno de ejercicios de mindfulness
Cuaderno de mindfulness para imprimir y practicar.
Mindfulness es prestar atención al momento presente con una actitud de apertura y sin juzgar la experiencia. Vaciar la mente o forzar la calma no forma parte de la definición: lo que se practica es notar lo que hay y volver una y otra vez a un ancla, como la respiración. (APA, s. f.)1
Varias de estas prácticas, como el escaneo corporal o comer con atención plena, vienen de los programas estructurados de reducción de estrés basados en mindfulness que se estudian desde los años ochenta. Las versiones de este cuaderno están resumidas para poder empezar sin experiencia previa. (Kabat-Zinn, 1982)2
Practicar con regularidad cuenta con respaldo: revisiones sistemáticas encontraron evidencia moderada de que los programas de meditación mindfulness ayudan a reducir la ansiedad y el ánimo bajo; para el estrés los resultados varían según la revisión. No sustituyen el tratamiento cuando hay un problema de salud que lo requiere. (Goyal et al., 2014)3 (Khoury et al., 2013)4
Los bloques recogen líneas de trabajo distintas. Alargar la salida del aire y respirar más despacio se ha estudiado por su efecto sobre la actividad del sistema nervioso autónomo. Poner en palabras lo que uno siente se ha asociado a una menor activación de las zonas del cerebro ligadas a la reacción emocional. Y tomar distancia de los propios pensamientos, sin discutir con ellos, es lo que en la literatura se llama descentramiento. (Sevoz-Couche y Laborde, 2022)6 (Lieberman et al., 2007)7 (Bernstein et al., 2015)8
Dos ejercicios toman prestadas técnicas de terapias contemporáneas: poner los pensamientos en hojas que se lleva el río viene de la terapia de aceptación y compromiso, y hablarte como le hablarías a alguien querido, del trabajo sobre autocompasión. (Hayes et al., 2006)13 (Neff, 2003)14
Caminar con atención es una práctica clásica de estos programas y también se ha ensayado por separado en estudios controlados. Llevar la atención plena al trato con otras personas se ha estudiado sobre todo en el terreno de las relaciones cercanas y de cómo se responde a las tensiones dentro de ellas. En cambio, para los ejercicios de los sentidos no hay estudios de cada práctica por separado, y aquí figuran solo como maneras de llevar la atención a un sitio concreto dentro de esos programas. (Rotter et al., 2022)9 (Barnes et al., 2007)10
Practica con curiosidad y sin exigirte. La meditación es segura para la mayoría, pero no le sienta igual a todo el mundo: hay revisiones dedicadas a describir los efectos adversos que aparecen en una minoría de quienes practican, desde inquietud hasta recuerdos difíciles. Si una práctica despierta malestar intenso, está bien detenerse y buscar apoyo. El último bloque del cuaderno trata justo de eso. (NCCIH, s. f.)5 (Britton et al., 2021)11 (Farias et al., 2020)12 Y si lo que atraviesas pesa más que un ejercicio, tener listo un plan de crisis también ayuda.
Cómo usar la hoja
Imprímelo en cuadernillo y ábrelo por donde quieras; el orden no importa.
Guárdalo en el sitio donde de verdad tengas esos dos minutos.
Deja el registro de la última página a mano, porque se llena en diez segundos.
Marca las prácticas que repitas, que son las que se van a quedar.
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Kabat-Zinn, J. (1982). An outpatient program in behavioral medicine for chronic pain patients based on the practice of mindfulness meditation: Theoretical considerations and preliminary results. General Hospital Psychiatry, 4(1), 33-47. https://doi.org/10.1016/0163-8343(82)90026-3
Goyal, M., Singh, S., Sibinga, E. M. S., Gould, N. F., Rowland-Seymour, A., Sharma, R., ... Haythornthwaite, J. A. (2014). Meditation programs for psychological stress and well-being: A systematic review and meta-analysis. JAMA Internal Medicine, 174(3), 357-368. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2013.13018
Khoury, B., Lecomte, T., Fortin, G., Masse, M., Therien, P., Bouchard, V., ... Hofmann, S. G. (2013). Mindfulness-based therapy: A comprehensive meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(6), 763-771. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2013.05.005
Sevoz-Couche, C., & Laborde, S. (2022). Heart rate variability and slow-paced breathing: When coherence meets resonance. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 135, 104576. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2022.104576
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