La memoria, el almacén de nuestros recuerdos

El ratón de biblioteca, de Carl Spitzweg. Un anciano lee un libro entre los estantes altos de una biblioteca.
Carl Spitzweg, El ratón de biblioteca (c. 1850). Museo Georg Schäfer, Schweinfurt. Dominio público.

Quién no ha tenido miedo a olvidar un momento especial, un acontecimiento, a una persona, básicamente olvidar lo vivido. Ahora, por otro lado, quién ha deseado olvidar algo sumamente doloroso: ya sea una despedida, una herida o un evento altamente traumático; pareciera una lucha constante en el almacén de nuestros recuerdos.

"Querer el olvido es un problema antropológico: desde siempre, el hombre sintió el deseo de reescribir su propia biografía, de cambiar el pasado, borrar sus huellas, las suyas y las de los demás. […] La lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido".

— Milan Kundera

Qué es la memoria

De manera general, podemos decir que "la memoria es un proceso psicológico que sirve para almacenar información codificada. Dicha información puede ser recuperada, unas veces de forma voluntaria y consciente, y otras de manera involuntaria".2 Sin embargo, la conversación de lo consciente e inconsciente será una charla para otro momento.

En lo que al almacenamiento respecta, este resulta bastante relevante para la vida del ser humano al permitirle recuperar experiencias y poder beneficiarse de las mismas en su actuación futura, logrando así el aprendizaje. Es como poder adquirir un abrigo luego de afrontar un invierno con la piel descubierta, y lograr abrigarse en la próxima temporada.

Estructura de la memoria

En los comienzos de la psicología cognitiva, Broadbent en 1958 "propuso el primer modelo estructural del procesamiento de la información en el sistema cognitivo humano. Este modelo representa el primer diagrama que muestra cómo fluye la información a través del sistema de procesamiento de la información y lo que ocurre con la información atendida y no atendida".2

Luego tenemos el trabajo desarrollado por Arthur W. Melton de 1963 titulado "Implications of Short-Term Memory for a General Theory of Memory", que estableció la necesidad de tres fases independientes en el proceso de memoria: codificación, almacenamiento y recuperación.6

  • La codificación, es decir, cómo el cerebro registra los sucesos. Podríamos hablar de memoria a corto plazo.
  • La consolidación, es decir, el almacén de la memoria, donde se guardan estos sucesos, ya sean de experiencias personales o de un aspecto más episódico o inclusive memoria procedimental o de automatismos (eso que hacemos sin pensar mucho sobre ello).
  • La recuperación, es decir, de manera consciente poder acceder a un evento de la memoria.

Seguido a ello, llegaría el modelo modal o multialmacén (Atkinson y Shiffrin) de 1968; en este se desarrolla, en consecuencia a los postulados de Broadbent y Melton, un modelo estructural, en el cual se describen tres sistemas de almacenamiento que están conectados linealmente y se presenta como un modelo para el procesamiento de la información.

Este proceso se detecta a través de los sentidos primero y se almacena en la memoria sensorial. El mismo es totalmente automático, pero cuando se enfatiza cierta información esta se transfiere a la memoria a corto plazo, aquí hablamos del segundo sistema, y luego por medio de suficiente repetición se puede lograr su transferencia a la memoria de largo plazo para su consolidación o permanencia, que sería lo tercero y último. Cabe mencionar que la capacidad de recuperación es dependiente de las asociaciones que se hayan establecido.5

Tipos de memoria

Ahora bien, ¿cuáles son los tipos de memoria? Como es un tema bastante extenso, desde aspectos biológicos, neurológicos y diversas teorías, me ocuparé de nombrar lo que podríamos decir sería el consenso global por medio del siguiente esquema:

Esquema de los tipos de memoria. Memoria sensorial, de corto plazo y de largo plazo. La de largo plazo se divide en declarativa (semántica y episódica) y no declarativa (procedimental, priming y condicionamiento).
Imagen 1. Esquema general de la clasificación de los tipos de memoria. Nota. Imagen generada mediante IA. Elaboración propia (Sebastián Amaya Gallego, 2026).

El olvido

El olvido es un proceso natural y esencial de la memoria para que el aprendizaje funcione lo mejor posible, porque si no fuéramos capaces de olvidar aquello que se considera insignificante, difícilmente podríamos llegar a establecer una idea del mundo que nos rodea, al estar saturados por toda la cantidad de estímulos que nos llegan a través de los sentidos, por lo que nuestro cerebro es una máquina compleja que se rige por la ley del mínimo gasto de energía o principio del mínimo esfuerzo para su funcionamiento.

Las investigaciones sobre este proceso concluyen que existe una curva del olvido, según la cual este es mucho mayor y más rápido en las primeras horas después de aprender algo; lo que conseguimos recuperar hasta ahí se mantiene durante más tiempo y luego sigue decreciendo, cada vez más despacio.7

Asimismo, algunas teorías hacen hincapié en que resulta "más útil dirigir la atención a las propias operaciones de codificación", es decir, que la información que ingresa sea de calidad, y tomar en consideración la propuesta de que "las tasas del olvido están en función del tipo de codificación y de la profundidad de ésta".4

Por lo tanto, podemos concluir del olvido lo esencial que resulta al mantener nuestro almacén organizado y limpio; es de alguna manera la forma que tenemos para reciclar o asear este espacio de vivencias y desechar aquello que no es beneficioso para nosotros.

Reconsolidación de memoria

De la investigación en neurociencia se extrae que "la memoria no es una entidad única, sino un conjunto de sistemas interdependientes que cumplen funciones diferenciadas" (Baddeley, 2000; Squire, 1992).3 Como lo hemos visto a lo largo de este artículo, estos sistemas "interactúan constantemente para recoger datos sobre" nuestro mundo y la experiencia subjetiva, "y parecen seguir ciertas reglas que facilitan su recuperación para utilizarlos en pos de la adaptación".3

Ahora, "cuando se recupera un recuerdo, voluntaria o involuntariamente, éste puede reactivarse. Eso significa que la huella de memoria vuelve a un estado similar al que tuvo durante la codificación, haciéndose temporalmente maleable y facilitando su modificación antes de ser almacenado nuevamente".3

Este mecanismo de reconsolidación es sumamente importante en terapia, al poder contactar con fragmentos que parecieran aislados y que repercuten en la vida de un individuo, muchas veces de manera no consciente. Es por esto que la reconsolidación, especialmente en el trabajo con trauma, cobra gran relevancia, al buscar acceder y en conjunto abordar memorias difíciles de afrontar. Ya que en este gran almacén de recuerdos todo cuenta, en gran medida somos aquello que recordamos y también aquello que hemos decidido olvidar.

Conclusiones

  1. La memoria permite almacenar y recuperar experiencias, siendo fundamental para el aprendizaje, la identidad y la adaptación al entorno.
  2. El olvido es un proceso natural y necesario que permite seleccionar información y evitar la saturación de nuestros sistemas de memoria.
  3. La reconsolidación demuestra que los recuerdos pueden modificarse al ser reactivados, lo que representa una oportunidad importante para el abordaje terapéutico del trauma.

Referencias

  1. Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4(11), 417–423. https://doi.org/10.1016/S1364-6613(00)01538-2
  2. Ballesteros, S. (1999). Memoria humana: investigación y teoría. Psicothema, 11(4), 705–723. https://www.psicothema.com/pdf/323.pdf
  3. Bárez, N. (2025). Reconsolidación de la memoria como factor común en psicoterapia del trauma. Clínica Contemporánea, 16(3), e20. https://doi.org/10.5093/cc2025a18
  4. Craik, F. I. M., y Lockhart, R. S. (1980). Niveles de procesamiento: Un marco para la investigación sobre la memoria. Estudios de Psicología, 1(2), 93–109. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/65802.pdf
  5. Janse, B. (2024). Modal Model of Memory (Atkinson and Shiffrin). Toolshero. https://www.toolshero.com/personal-development/modal-model-of-memory/
  6. Melton, A. W. (1963). Implications of short-term memory for a general theory of memory. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior, 2(1), 1–21. https://doi.org/10.1016/S0022-5371(63)80063-8
  7. Murre, J. M. J., y Dros, J. (2015). Replication and analysis of Ebbinghaus' forgetting curve. PLOS ONE, 10(7), e0120644. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0120644
  8. Squire, L. R. (1992). Declarative and nondeclarative memory: Multiple brain systems supporting learning and memory. Journal of Cognitive Neuroscience, 4(3), 232–243. https://doi.org/10.1162/jocn.1992.4.3.232
Sebastián Gallego
Escrito por
Sebastián Gallego
Enfoque: Sistémico | 4 años de exp.Registro profesional: 261508

Psicólogo de profesión, becado por excelencia académica logrando estudios en el extranjero familiarizándome con un entorno de aprendizaje multicultural, con experiencia en la construcción e implementación de planes de intervención psicológico y activación de rutas en contextos clínicos, jurídicos y sociales, en la aplicación de primeros auxilios psicológicos y seguimiento desde consulta externa a nivel de IPS, a población con distintas condiciones (TEA, TDA, ideación suicida, etc.). Al igual que, en la inclusión estudiantil de población con necesidades cognitivas específicas, la prevención de violencias en materia derechos humanos en población vulnerable y el acompañamiento en la construcción del proyecto de vida desde una mirada pluriparadigmática. Con experiencia particular en talleres de salud mental a nivel grupal y en consultoría psicológica a migrantes en el extranjero, adicionalmente con experiencia en monitoria y cátedra universitaria, junto a un diplomado en pedagogía y un certificado como gestor cultural, esto movilizado por mi pasión en la innovación y el aprendizaje, creando contenido audiovisual en podcast, revistas online y artículos académicos sobre salud mental. Lo que me moviliza en mi labor es fomentar y difundir la salud mental, como pauta de acción para promover una sociedad mas sana, empezando desde la introspección individual, ya que creo firmemente en el impacto de las pequeñas acciones que anteceden los grandes cambios.