¿El amor duele y, si duele, es amor?

Vampiro, de Edvard Munch. Una mujer de pelo largo abraza a un hombre encorvado y apoya la cara en su nuca.
Edvard Munch, Vampiro (1895). Museo Munch, Oslo. Munch expuso este motivo por primera vez con el título Amor y dolor. Dominio público.

Si nos ponemos a pensar sobre el amor, una pregunta interesante que se puede hacer es ¿el amor duele? Bueno, en muchas ocasiones se puede llegar a estar tan inundado por las mieles del amor que los episodios de violencia, los insultos y degradaciones se pueden pensar como algo único y aislado, pero es importante distinguir si se está entrando en un ciclo donde al final podemos salir gravemente lastimados.

El ciclo al que me refiero es el de violencia en las relaciones de pareja. Es importante entender que esto no es exclusivo en cuanto a que siempre el hombre es el agresor y la mujer la víctima; cuando hablamos de agresor y víctima no se distingue género.

Quien describió este modelo fue Lenore Walker. En su trabajo investigó sobre la estructura psicológica y relacional que se repite en dinámicas de abuso, sin importar el género de la víctima. Aunque la teoría nació en 1979 enfocada en mujeres dentro de su libro "The Battered Woman" (La mujer maltratada), hoy en día se entiende como un patrón conductual universal.1

El síndrome de la mujer maltratada

Cuando hablamos del síndrome de la mujer maltratada, Walker lo definió como una subcategoría del trastorno de estrés postraumático enfocada en un conjunto de síntomas encontrados en las mujeres después de haber mantenido una relación íntima en la que padecieron violencia basada en género (lo que incluía abusos físicos, psicológicos, económicos y sexuales).

Los síntomas que se contemplan en este síndrome son: I) recuerdos perturbadores del acontecimiento traumático; II) hiperexcitación y elevados niveles de ansiedad; III) conducta elusiva y entumecimiento emocional expresados normalmente en forma de depresión, disociación, minimización, represión y renuncia; IV) relaciones interpersonales conflictivas debido al poder ejercido por el agresor y sus medidas de control; V) distorsión de la imagen corporal y dolencias físicas y/o somáticas; y VI) problemas sexuales.2

Asimismo, desde una mirada universal, un individuo puede presentar estos síntomas al estar inmerso en un ciclo descrito en tres partes:

Acumulación de tensión

Esta es la fase más difícil de identificar. Su elemento principal es la violencia psicológica, en la cual el agresor manifiesta cada vez mayor irritabilidad, intolerancia y frustración: insulta, aísla, critica, humilla, responsabiliza de su estado de ánimo, cela, deja de hablar, discute y no te permite hablar, entre otras cosas. Inclusive en esta fase inicial la víctima puede llegar a incurrir en la justificación, con frases como "yo tuve la culpa".

Estallido de violencia

Es el resultado de la tensión acumulada. Se pierde toda posibilidad de comunicación con el agresor y este descarga sus tensiones. En este episodio la violencia puede ser ejercida de manera directa o indirecta hacia mascotas u objetos; la intención es destruir.

Luna de miel

En esta fase se inicia un periodo de reconciliación. El agresor se muestra arrepentido, no por el hecho de haber estallado sino por haberse excedido en la manera de hacerlo, pide disculpas y promete que el incidente no volverá a suceder. Prácticamente se plantea una lista de promesas y cambios que a largo plazo difícilmente se verán evidenciados.3

Puedes indagar sobre estas fases en nuestra herramienta: el ciclo de la violencia.

El golpeador

Ahora bien, entendiendo un poco el contexto y la posición de la víctima, vamos a conocer un poco de los agresores. Para ello, el trabajo desarrollado por el psicólogo canadiense Donald G. Dutton en su libro "El golpeador: un perfil psicológico" es sumamente relevante. En este, él describe que, más allá de un problema de ira, aquellos hombres tenían un problema de identidad.

Los aspectos relevantes de estos perfiles son:

  • La que denomina como la "marea roja" (red tide): describe cómo los agresores experimentan una alteración biológica y una ira tan extrema que caen en un estado de disociación; es decir, actúan con violencia física pero luego recuerdan el evento de forma distorsionada o culpan a la víctima. Casi que la ira los cegó, una frase que pareciera que se repite mucho en la cotidianidad.
  • La doble fachada: explica que muchos maltratadores tienen una personalidad encantadora, exitosa o completamente "normal" de cara a la sociedad, pero se transforman en tiranos controladores dentro del hogar. Todo hacia afuera es aparentemente perfecto; el sufrimiento empieza en la dinámica privada.
  • El origen del maltrato: Dutton vincula la personalidad violenta con traumas del pasado, tales como el miedo al abandono desarrollado en la infancia, el apego ambivalente con las figuras maternas o paternas, y la humillación o vergüenza sufrida durante su crianza. Casi que su historia de aprendizaje es un caldo de cultivo para comportamientos agresivos.4

La violencia en el contexto doméstico

Luego de entender cómo los actores se involucran en este ciclo de violencia, también es relevante cómo se genera en el contexto doméstico. El término violencia doméstica alude a todas las formas de abuso que tienen lugar en las relaciones entre quienes sostienen o han sostenido un vínculo afectivo relativamente estable.

En sus múltiples manifestaciones, la violencia siempre es una forma de ejercicio del poder mediante el empleo de la fuerza (ya sea física, psicológica, económica, política...) e implica la existencia de un "arriba" y un "abajo", reales o simbólicos, que adoptan habitualmente la forma de roles complementarios: padre-hijo, hombre-mujer, maestro-alumno, patrón-empleado, joven-viejo, etc.5

En la investigación de R. Gelles y M. Straus se lograron identificar 11 factores que pueden incrementar el riesgo potencial dentro de una familia:5

  1. La duración del período de riesgo; es decir, la cantidad de tiempo que los miembros de una familia están juntos.
  2. La gama de actividades y temas de interés; la interacción entre los miembros de una familia se produce en una multiplicidad de contextos.
  3. La intensidad de los vínculos interpersonales.
  4. Los conflictos de actividades; es decir, las diferencias de opinión en las decisiones que afectan a todos los miembros.
  5. El derecho culturalmente adquirido a influenciar los valores, comportamientos y actitudes de los otros miembros de la familia.
  6. Las diferencias de edad y sexo.
  7. Los roles atribuidos en función de la edad y el sexo.
  8. El carácter privado del medio familiar.
  9. La pertenencia involuntaria; es decir, el hecho de no haber elegido esa familia.
  10. El estrés atribuible al ciclo vital, los cambios socioeconómicos y otros.
  11. El conocimiento íntimo de la vida de cada uno de los otros miembros, de sus puntos débiles, de sus temores y preferencias.

Por lo que, llegados a este punto, estos factores, como se evidencia, no son exclusivos de relaciones heterosexuales, ni se asignan dichos roles estrictamente a uno u otro. El ciclo de violencia puede ser ejercido y sufrido por cualquier ser humano, sin importar su género, edad, raza o nivel socioeconómico. Lo importante de lo expuesto en este artículo es que puedas comprender si te estás adentrando en una marea roja que confunde el dolor con interés y el amor con dependencia.

Por último, te dejo esta herramienta, el violentómetro, dispuesta para evaluar la violencia en las dinámicas de pareja. Confío en que le será de ayuda a quien lo necesite.

Conclusiones

1. Identificar las señales tempranas de violencia psicológica permite reconocer dinámicas de maltrato antes de que escalen a agresiones de mayor gravedad.

2. Las disculpas y promesas de cambio no garantizan que la violencia termine; es necesario observar cambios reales y sostenidos en la conducta.

3. Comprender la violencia de pareja sin estereotipos de género facilita reconocer estas dinámicas y buscar apoyo oportunamente, priorizando la seguridad y el bienestar de las personas involucradas.

Referencias

  1. Jaramillo Sierra, I. C. (2019). Herramientas para la aplicación del enfoque de género en la administración de justicia. Consejo Superior de la Judicatura, Escuela Judicial "Rodrigo Lara Bonilla". escuelajudicial.ramajudicial.gov.co
  2. Paez, S., Gonzales, S., y Vega, H. (2024). El síndrome de la mujer maltratada. Corporación Universidad de la Costa. repositorio.cuc.edu.co
  3. Secretaría de Marina. (s. f.). Círculo de la violencia. semar.gob.mx
  4. Dutton, D. G., y Golant, S. K. (1997). El golpeador: un perfil psicológico (A. Negrotto, Trad.). Paidós. formatos.inamu.go.cr
  5. Corsi, J. (1992). La violencia hacia la mujer en el contexto doméstico. Fundación Mujeres. emakunde.euskadi.eus
Sebastián Gallego
Escrito por
Sebastián Gallego
Enfoque: Sistémico | 4 años de exp.Registro profesional: 261508

Psicólogo de profesión, becado por excelencia académica logrando estudios en el extranjero familiarizándome con un entorno de aprendizaje multicultural, con experiencia en la construcción e implementación de planes de intervención psicológico y activación de rutas en contextos clínicos, jurídicos y sociales, en la aplicación de primeros auxilios psicológicos y seguimiento desde consulta externa a nivel de IPS, a población con distintas condiciones (TEA, TDA, ideación suicida, etc.). Al igual que, en la inclusión estudiantil de población con necesidades cognitivas específicas, la prevención de violencias en materia derechos humanos en población vulnerable y el acompañamiento en la construcción del proyecto de vida desde una mirada pluriparadigmática. Con experiencia particular en talleres de salud mental a nivel grupal y en consultoría psicológica a migrantes en el extranjero, adicionalmente con experiencia en monitoria y cátedra universitaria, junto a un diplomado en pedagogía y un certificado como gestor cultural, esto movilizado por mi pasión en la innovación y el aprendizaje, creando contenido audiovisual en podcast, revistas online y artículos académicos sobre salud mental. Lo que me moviliza en mi labor es fomentar y difundir la salud mental, como pauta de acción para promover una sociedad mas sana, empezando desde la introspección individual, ya que creo firmemente en el impacto de las pequeñas acciones que anteceden los grandes cambios.